Text 20 Feb Bitácora del capitán regreso a los dominios.

Caminar por las tierras en las cuales algún día se fue un elite 2200+, con tiers completos y logros de raiding indescriptibles, el lugar donde era respetado,temido,amado y cualquier otra cantidad de sentimientos humanos…
varias noches etilicas, múltiples encuentros con NPCs de la localidad nocturna,abrazos,perdones, risas, miradas, embarazos escapistas, progenie bastarda, encontramos de todo en este valle de alterac todos contra todos…distintas opiniones y etiquetas.:

-Ya no eres el mismo…
-Eres el mismo…
-Te ves bien…
-No te ves tan mal…
-Pensé que estarías peor…
-Marico estas destruido…
-La vida por ner’zhul *y un abrazo…

-Tus ojos se ven distintos…
- Deja de divagar…
-Yo no te odio…
-Anda al medico no te ves saludable…
-Eres una maquina…
-Los dovahkiin no tenemos tiempo para amar. :)
-Eres la evolución  de los defectos que tenias hace años y la cauterización de los pocos valores que tenias.  

Eso entre muchas cosas que me han dicho una gran gama de personajes que tenia abandonados por mi  claustro etílico purificador del auto destierro de las tierras en que tengo mejor indice pvp…
En este lugar no soy tan fuerte ni estable como lo puedo ser en Azeroth…pero el tiempo ha pasado…y el dios dorado que dispara rayos mientras pisotea los cráneos de sus enemigos, ya no esta.
Esta un andrajo de fobias,miedos manías y barba, pero después del tercer día, los karmas se comienzan a nivelar y con una conciencia de paladin holy pude dormir sin la clásica dosis de 30 cervezas.
Despertar con el clásico temblor etílico con el quote de Borges…

“en un instante que hoy emerge aislado,

sin antes ni después, contra el olvido,

y que tiene el sabor de lo perdido, 

de lo perdido y lo recuperado.  “

De lo perdido y lo recuperado ,De lo perdido y lo recuperado ,De lo perdido y lo recuperado …en eso se resume los primeros días del retorno de este ahora moral. 

Y ya que estamos acá:

Poema - Jorge Luis Borges

El tango

¿Dónde estarán? pregunta la elegía 

de quienes ya no son, como si hubiera 

una región en que el Ayer, pudiera 

ser el Hoy, el Aún, y el Todavía.

¿Dónde estarán? (repito) el malevaje 

que fundó en polvorientos callejones 

de tierra o en perdidas poblaciones

la secta del cuchillo y del coraje?

¿Dónde estarán aquellos que pasaron,

dejando a la epopeya un episodio,

una fábula al tiempo, y que sin odio, 

lucro o pasión de amor se acuchillaron?

Los busco en su leyenda, en la postrera 

brasa que, a modo de una vaga rosa,

guarda algo de esa chusma valerosa 

de Los Corrales y de Balvanera.

¿Qué oscuros callejones o qué yermo 

del otro mundo habitará la dura 

sombra de aquel que era una sombra oscura,

Muraña, ese cuchillo de Palermo?

¿Y ese Iberra fatal (de quien los santos 

se apiaden) que en un puente de la vía,

mató a su hermano, el Ñato, que debía 

más muertes que él, y así igualo los tantos?

Una mitología de puñales

lentamente se anula en el olvido;

Una canción de gesta se ha perdido

entre sórdidas noticias policiales.

Hay otra brasa, otra candente rosa

de la ceniza que los guarda enteros;

Ahí están los soberbios cuchilleros

y el peso de la daga silenciosa.

Aunque la daga hostil o esa otra daga,

el tiempo, los perdieron en el fango,

hoy, más allá del tiempo y de la aciaga 

muerte, esos muertos viven en el tango.

En la música están, en el cordaje

de la terca guitarra trabajosa,

que trama en la milonga venturosa

la fiesta y la inocencia del coraje.

Gira en el hueco la amarilla rueda 

de caballos y leones, y oigo el eco 

de esos tangos de Arolas y de Greco

que yo he visto bailar en la vereda,

en un instante que hoy emerge aislado,

sin antes ni después, contra el olvido,

y que tiene el sabor de lo perdido, 

de lo perdido y lo recuperado.

En los acordes hay antiguas cosas:

el otro patio y la entrevista parra.

(Detrás de las paredes recelosas 

el Sur guarda un puñal y una guitarra.)

Esa ráfaga, el tango, esa diablura,

los atareados años desafía;

Hecho de polvo y tiempo, el hombre dura 

menos que la liviana melodía,

que solo es tiempo. El Tango crea un turbio 

pasado irreal que de algún modo es cierto,

el recuerdo imposible de haber muerto

peleando, en una esquina del suburbio.





 

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